Los alumnos no son nuestros portasandalias

Quizás, querido lector, te haya llamado la atención el título de este post y lo abrás abierto para ver de qué se trataba. En realidad, el título es muy pomposo pero el contenido remite a una situación que observamos diariamente en las escuelas.

Para explicar a que nos referimos, lo mejor será comenzar un diálogo imaginario entre Gloria y la seño.

Seño:      -Andá a traerme un vaso de agua.

Gloria:   – Sí, seño, ya le traigo.

Segundo diálogo imaginario

Seño:    – Martín, tomá (le entrega todos los cuadernos para corregir y su cartera). Y le dice: – Llevámelo a cuarto grado.

Martín:  – Bueno, seño.

 Lógicamente que este diálogo puede incluir las palabras “Por favor”, “Gracias”, que hacen que lo que parece una orden, en realidad sea una “orden amable”.

Sin embargo, más allá de los términos utilizados, lo que realmente importa es el trasfondo que se esconde detrás de estos pedidos.

Partiendo de la premisa de que el niño es un ser humano completo, que tiene dignidad y al que se lo debe respetar al igual que a un adulto, hay algo que está mal en todo esto.  El maestro no puede imponer una orden al niño en una tarea que no forma parte de sus obligaciones académicas.  A lo sumo puede

pedirle un favor, pero nunca puede tomar represalias si el alumno decide que no tiene ganas de ayudar en la tarea que se le solicita. He visto casos de maestras que le dicen a los niños cosas como: – No me quisiste ayudar, no te quiero más.

Esto es realmente grave porque como adultos no tomamos conciencia de la fuerza de nuestras palabras ni del daño e impacto emocional que pueden causar en un niño.

Los chicos tienen derecho a decir NO.

Y eso no implica una falta de respeto, siempre y cuando se utilicen las palabras adecuadas y se pronuncien en un tono amable.

“Es fundamental enseñar a los chicos lo que es el verdadero respeto, respetándolos”

Y vos ¿qué opinás?

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