Los baños de las escuelas

Pensemos un poquito en los baños que hay en las escuelas.  Durante nuestra infancia hemos transitado por varios de ellos. Salvo honrosas excepciones, podríamos describirlos de la siguiente manera:

Lugares sucios en apariencia, con olor a orines. Inodoros sin tapas. Sin papel higiénico. Puertas que no cierran. Trabas que no funcionan. Sin jabón para lavarse las manos. Sin espejos. Sin toallas (ya sean de tela o de papel).  Con graffitis o leyendas.”

Elementos más, elementos menos, mayor o menor limpieza, pero los baños de las escuelas suelen tener las características antedichas.

Saltemos ahora a los baños de los maestros: suelen ser más limpios, con espejo, jabón, toalla para secarse las manos, desodorante de ambiente, cartelitos que sugieren el cuidado y la limpieza.

Seguro que alguno de ustedes dirá: – Pero yo soy maestro y nuestro baño es un agujero del infierno.  Y habrá otros que dirán: – Mirá Horacio, en nuestra escuela los baños de los niños son limpiados regularmente y tienen todo lo que se necesita.

Sin embargo, más allá de estas excepciones (o negación de la realidad), creo que coincidirán conmigo en que esta imagen es bastante común:

En varias ocasiones pregunté el porqué de este abandono. La respuesta unánime fue: “porque los alumnos no los cuidan”. Y aquí es donde yo me pregunto: ¿No será que no lo cuidan porque ya no hay nada que cuidar?

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También pregunté porqué no hay espejos a lo que me contestaron que es por seguridad, para evitar que los niños se lastimen (ya que hubo un caso de heridas graves porque un niño se lastimó con el espejo). Por eso se sacaron.

Finalmente osé cuestionar el porqué no había papel higiénico. La respuesta: porque los alumnos lo tiran al inodoro y lo tapan.  Y por eso lo sacaron

Y me dijeron que si un niño necesita papel, simplemente lo pide. Pero…. ¿y los niños que se avergüenzan de tener que pedir papel higiénico? (mejor no pensar en cuántos adultos tendrían la misma vergüenza).. Ah, y está la cuestión de la higiene ¿Qué clase de higiene hay cuando un rollo de papel se pasa de mano en mano para ser utilizado?

Digo yo: ¿los problemas se resuelven quitando aquello que molesta? Quizás sea una solución parcial pero ¿a nadie se le ocurrió pensar la importancia de que un niño tenga, por ejemplo, su reflejo en un espejo? ¿Quién de nosotros cuando va al baño no se mira para comprobar su apariencia?

Si tanto nos preocupan estos actos de vandalismo ¿Por qué no vamos al fondo de la cuestión para entender por qué ocurren estos hechos?

Estamos tan ciegos pensando en su seguridad (o en evitar que a nosotros nos hagan un juicio), que convertimos los lugares en entornos insípidos, artificiales, que nadie tiene interés en cuidar.

Y no va a faltar quién diga que no pasa por la elección del directivo, ya que los espejos fueron removidos por reglamentación. Acuerdo con eso pero ¿a qué autoridad escolar se le ocurrió reemplazar los espejos por algún otro material que también sirva a tal propósito y no sea peligroso?

Hace ya un par de meses, en un postítulo que estoy cursando, tuve a una profesora que nos dijo algo que para mí fue una lección de sabiduría:

-¿Saben por qué los alumnos no cuidan el baño? Porque no se parece al baño de sus casas, con todos los elementos que tiene que tener.

Y eso fue esclarecedor; de hecho tuve la oportunidad de comprobar en una escuela de pedagogía Waldorf, que el baño era muy similar al de una casa. Tenía espejo, jabón, papel higiénico, una ventana de vidrio, un felpudo en el piso.  Ese baño era usado por todos los niños. Estaba impecable y recibía la misma limpieza que el resto de la escuela. Los chicos lo cuidaban. ¿Por qué no iban a hacerlo? Es como si yo fuera al baño de una amiga y lo vandalizara, sólo porque no es el mío. ¡No tiene sentido!

Dejemos de pensar que a los chicos les da lo mismo lo que les ofrezcamos. Empecemos a considerar a los niños como sujetos de derechos (que son), que merecen tener acceso a lugares con servicios de calidad.

Yendo a otro contexto, voy a contar un caso. Yo viajo frecuentemente en subte y hace algún tiempo, todos los vagones estaban llenos de carteles publicitarios y folletos de todo tipo pegados en las paredes + algunos ocasionales graffitis.  Con el correr de los días comencé a observar que la empresa se había puesto la misión de limpiar completamente todos los vagones. Fue así que llegó un momento que los trenes estaban impecables. Es al día de hoy que se mantienen de la misma manera. Y más allá de que quizás se limpie más seguido, lo cierto es que cualquier persona tentada a poner un cartel, va a pensar: – Nadie puso un cartel acá, ¿yo voy a ser el primero? No se debe poder. Mejor no lo hago.

¿Por qué nuestros niños no merecen un baño como éste?

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Pensemos que lo que les ofrecemos a los chicos, muestra fielmente lo que pensamos de ellos y el modo en que los consideramos. 

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