Sobre mí

Mi nombre es Horacio Luciano Smidt, tengo 33 años y soy docente de Nivel Primario.

Nací y crecí en la ciudad de San Carlos de Bariloche (República Argentina). Me recibí como docente en dicha ciudad y luego migré a Buenos Aires, a fin de ampliar mis estudios.Foto de Hora (cara)  Aprobé un postítulo de especialización en Enseñanza de la Astronomía (I.E.S. Nº 1) y en el mes de diciembre de 2016, aprobé la especialización titulada “El juego en contextos educativos” (I.E.S. Nº4)

En cuanto a mis estudios terciarios, actualmente curso la Tecnicatura Superior en Tiempo Libre y Recreación (ISTLyR).

Hace doce años que me desempeño como docente.

Este tiempo de trabajo “en las aulas”, me permitió darme cuenta que la educación formal va por un camino y la “realidad” o si se quiere, “la vida” (entendida en sentido amplio), por otro completamente distinto.

La escuela no está preparando a los niños para el futuro porque ni la misma sociedad sabe dónde quiere llegar.

Son tiempos vertiginosos, que marean, confunden y hacen perder el eje a todo aquel que no se detiene a reflexionar y a encontrar el profundo significado de las cosas.

Se habla mucho de las TICs y de la incorporación de lo digital pero no se habla con la misma intensidad de cuestiones, a mi criterio, mucho más relevantes, como son el respeto por el otro, el amor a la humanidad, la compasión, el “ser genuino”, la trascendencia del ser humano.

Y entre estas cosas de las que se habla poco, hay una que me parece fundamental: en la escuela no se enseña a reir ni a pasarla bien. Pareciera que en los colegios se debe sufrir y aburrirse sistemáticamente (porque siempre fue así). Es como un trago amargo que pronto pasará.

Y en este devenir de los tiempos atraviesan los niños su infancia y los jóvenes su adolescencia, considerando que el saber es algo que realmente no vale la pena….

Por eso este sitio web tiene como objetivo animar a chicos, padres y educadores a concebir una nueva escuela; una escuela basada en lo lúdico, en el juego, en la sana recreación, en donde el chico llegue ansioso cada jornada y se vaya siempre con una amplia sonrisa.

Así, entre todos, empezaremos a darle a la escuela un lugar más significativo, más amoroso, más humano…

¡Manos a la obra!

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